Enero 03, 2020
Entonces él la vió. Ella dormía de manera plácida en su lecho, lucía jodidamente hermosa, no solo por su desnudez, sino por lo que lograba transmitir sin siquiera saberlo. —¡Demonios! —Pensó él, quién a su vez iba acercándose hacia ella, con claras intenciones de arroparla del frío de la noche—. Podría quedarme aquí viendola día y noche y no me cansaría. Es tan perfecta... Ella estaba en su décimo sueño, no se enteraba de qué delante de ella había una persona dispuesta a todo por ella, alguien que la amaba como quizá nadie lo hará, pero no estaba enterada de nada, absolutamente nada. —Descansa, preciosa. —Susurró él mientras se vestía, estuvo tan cerca de ella que podía sentir su respiración —. Te veré mañana, mi amor. Ambos despertaron casi a la misma hora, salvo que había una pequeña diferencia: Él despertó feliz, excesivamente feliz. Ella en cambio, despertó con dolor de cabeza y algo mareada. No entendía por qué las últimas semanas se despertaba tan tarde, no era habitual en ...