Diciembre 22, 2019.

Tiempo.

Por largo tiempo le quedaba viendo cuando ella caminaba frente a mi ventana, tal vez el tiempo era corto y era yo quién lo detenía. A veces, imaginaba que hablábamos, que ella al fin me miraba y que sus ojos brillaban tanto como los míos al verla. Luego debía volver a la realidad, pues era necesario, la gente no suele vivir de sus sueños. Ella no me hablaba, ni siquiera me miraba y yo no me atrevía a hacerlo, consideraba que era poco para ella. Tal vez necesitaba una oportunidad y tiempo para conocernos. Aunque tal vez huiría si se llegara a enterar de las veces en las que mi ventana era testigo de mi devoción hacia ella, con una leve complicidad de mi corazón y del tiempo.

Una tarde, mientras iba de compras a una tienda, una chica se me acercó y empezó a hacer muchas preguntas. Nunca la había visto, pero por alguna extraña razón se me hacía familiar. Tal vez era su voz, no lo sé. Siguió haciéndome preguntas y cada una de ellas era más rara que la anterior. La detuve y le pregunté por qué lo hacía, no quiso responder, solo se fue y yo continué con las compras. Fue un día muy extraño. Logré responder sus preguntas, aún sin darme cuenta de lo que sucedía.

Al cabo de unos días, la suerte me acompañó y coincidimos en la misma calle. Íbamos acercándonos poco a poco. Quedamos frente a frente... Pero, no me atreví, otra vez. Avanzamos y te veía caminar a mi lado, en una dirección que no debía ser.

-¡Oye!
+[...] -Mi corazón se detuvo.
-¿Eres tú el que me espía por su ventana cuando paso por tu cas...
+¿Qué? -le interrumpí. Estaba rojo como un tomate.
-Sí, eres tú.Recuerdo esa mirada lujuriosa.
+Te estás equivocando de persona, no soy quién crees. ¡Y no hago eso! -le dije.
-Oye, tranquilo, solo estaba bromeando. Te ves gracioso cuando te enojas, creo que lo haré más seguido.
+ [...] ¿De verdad estoy hablando con ella? pero, ¿por qué me está diciendo todo esto?
-¡Hey! ¿Estás ahí? -dijo acercándose moviendo una mano frente a mi rostro.
+Sí, claro que si. -respondí, un poco o bastante aturdido por los acontecimientos recientes.
-Pues... me preguntaba si querías acompañarme a una posada. Es aquí cerca. No te sientas obligado a aceptar.
+¿Una posada?
-Sí...

Nunca antes había asistido a una posada, de esas en las que la gente celebra, bebe y baila. Era algo perfecto, no habían problemas, tampoco discusiones y cualquier disgusto quedaba fuera y la gente era feliz. A ella le gustaban y desde entonces ibámos cada que había una. Juraría que el tiempo y el espacio conspiraban a nuestro favor y no existía más nadie que nosotros dos, la música, la luna y las estrellas. Me empezó a gustar desde que a ella le gustaban y lo confirmé cuando al fin asistí a una.

Ya eran varias a las que íbamos y varios meses de ser amigos. Muchas veces la acompañaba a su casa, en otras ocasiones ella hacía lo mismo conmigo, solía decir que era lo justo. En una ocasión le hice pasar a mi habitación, Estuvo observando detenidamente cada rincón y cada detalle. Luego de inspeccionar (como un detective), todas mis pertenencias, en especial mis funkos, giró y me quedó viendo directamente a los ojos, mientras se acercaba. Me sentía un rehén y no quería ser rescatado.

 -Así que... ¿desde aquí me espiabas?
+Creía que ya habíamos aclarado ese tema... -le respondí.
-Incluso tienes binoculares... -dijo, mientras sostenía uno en sus manos.
+Oye... no es gracioso.
+Para mi tampoco es gracioso ser espiada.... -dijo con una sonrisa malevola, mientras se acercaba.

Cuando pude reaccionar, me percaté de que estaba acostado en mi cama. La busqué y ella estaba encima mío. Sus labios sobre los míos y sus manos acariciaban mi rostro. Solo atiné a cerrar los ojos y dejarme llevar. Sentía que bailaba con ella, mientras laluna y las estrellas nos acompañaban y se convertían en testigos de que ese amor casi soñado se estaba realizando.

-Hijo, ¿todo bien? -dijo mi madre, llamando detrás de la puerta.
+Sí, mamá...
-El almuerzo ya está listo, bajen a comer. -finalizó mi madre.
+Ya vamos, mamá. Gracias.

Giré y ella estaba sentada en mi cama y me daba la espalda. Me acerqué, ella temblaba y no quería verme a los ojos. La abracé y poco a poco la giré, levanté su rostro y la besé, la abracé fuerte y ella me correspondió. No lograba concebir todo lo que estaba aconteciendo, parecía todo un sueño, un sueño hermoso del cual no quería despertar. Besé sus mejillas, su frente, no quería soltarla. Ella hacía lo mismo.

-No te espíaba. le dije.
+¿Qué?
-Que no te espíaba. Al menos, no me daba cuenta de que lo hacía.
+ [...]
-Todo empezó cuando estaba hablando por teléfono con un amigo. No recuerdo la charla, solo recuerdo que cuando "desperté", era de noche y estaba de pie frente a mi ventana, pero con una sensación que no lograba describir, ni entener, hasta ese momento.
+¿A qué te refieres?
-Que hoy lo comprendí. Después de besarte. Me di cuenta de lo que era.
+[...] -solo me observaba, casi sin parpadear.
-Ese día fue cuando te vi por vez primera. Estabas tan hermosa. Hasta recuerdo como ibas vestida. Esa sensación es la misma que tuve al besarte. ¿Lo entiendes?
+[...] -ella me miraba espectante.
-¡ESTOY ENAMORADO DE TI! -dije en voz alta.
+Yo...

La empecé a besar, por tercera vez. No quería dejar de hacerlo. Ella tampoco. Nos acostamos nuevamente y al cabo de unos minutos mi madre llamaba a la puerta nuevamente. Nos pusimos de pie, le cogí de la mano y nos disponíamos a bajar a la sala-comedor a almorzar. 

+¿Sabes?
-¿Qué sucede? -respondí.
+Recuerdas a esa chica... La que te hizo muchas preguntas.
-Hmmmm... Eso... ¿Como lo sabes?
+Era mi hermana... -dijo sonrojada.
-¿Tu hermana? ¿De qué me estás hablando?
+Yo te espíaba,  Lo dije, ¿Contento? ¿Querías oír eso? ¡Yo te espíaba! -dijo con las mejillas rojas.
-¿Y así me molestabas con eso? jajaja.
+[...]
-Me encantas. -le dije, mientras le pellizcaba las mejillas suavemente. 

Nos pusimos de pie, le cogí de la mano y bajamos a la sala-comedor a almorzar, mientras lo hacíamos, nos lanzabamos miradas. Seguía sin poder creer lo que estaba sucediendo. Es mi chica soñada, mi vida entera, mi mayor anhelo y mi corazón empezó a quererla desde aquel día. Ella no era parte de mi vida, era mi vida entera.

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