Agosto 23, 2019.
Con ella.
Los días eran tolerables, su sola presencia hacía mejor hasta el peor de los días. Eras esa luz que todos vemos al despertar, pero que yo moría por ver cada mañana. Quería vivir, tenía esa sensación de vacío lejos de mi y todo gracias a ti. Me complementabas y yo luchaba por hacerlo también para ti. Quería verte una y otra vez, aún cuando nos despedíamos unas horas atrás.
Tengo entre mis recuerdos más bonitos esos momentos. Recuerdo absolutamente todo, recuerdo cuando estábamos en mi habitación y te sostenía entre mis brazos, te besaba y cuidaba mientras dormías. Sigues siendo la más hermosas de las casualidades que llegaron a mi vida. Por momentos, te veía y no podía creer que te hayas fijado en alguien como yo. Un ser tan desperfecto, lleno de temores y casi incapaz de sentir amor por nadie.
Es cierto cuando digo qué, me conoces cómo nadie. Confié ciegamente en ti, te conté mis sueños y anhelos, padeciste con mis pesadillas y alucinaciones. Sin embargo, te quedaste. No quisiste irte, aún sabiendo qué, a veces, no cumplía lo que prometía y eso te hería. Lamento no haber sido lo que esperaba ser para ti...
Un día simplemente desapareciste de mi vida. Tal vez te cansaste de todos mis problemas. Es cierto, eran demasiados y tú no tenías porque soportarlo. No te culpo por marcharte. De algún modo, lo esperaba. Te busqué muchas veces, te veía contenta, sonreías como nunca. No podía hacerlo, no podía volver. Decidí que era lo mejor para ti que ya no sepas más de mí, aunque es probable que ya lo hubieras decidido mucho antes de que yo lo hiciera.
Busqué en otras mujeres, esa sensación que me brindabas sin saberlo, pero fue imposible. Trataba de huir, pero tu reminiscencia me tenía como rehén. No sentía emoción al verlas o conocerlas, todo era frío y patético. No sabía que hacer, todos los consejos de amigos no surtían efecto. Decidí que debía de cambiar todo, absolutamente todo. Renuncié a mi trabajo, me mudé a un departamento nuevo en la capital. Sabía que huir no solucionaba nada, pero no me quedaba otra opción. Adiós, Luciana.
Todo marchaba bien, en el trabajo había hecho nuevo amigos y los fines de semana íbamos un bar y jugábamos fútbol. Descubrí qué, había tomado la mejor decisión: ciudad nueva, vida nueva. Incluso, mis amigos me presentaban chicas. Un día organizaron una parrillada para ese fin de semana, nunca había asistido a una. Me encargaron traer algo de carne, ya que no había mucha y también dijeron que iba a asistir una chica llamada Andrea, me la habían presentado días atrás. Ella debía llevar algunas cosas también y quedamos en hacer las compras en un centro comercial cerca a la casa del amigo que organizaba todo.
La estuve esperando, me envió un mensaje al móvil diciendo que demoraría un poco y que me adelantase. Preguntando llegué al área de carnes, me disponía a ir y pasó lo que es habitual en mi: Me distraje. Pasó casi media hora y me quedé paseando observando las TV's, Radio's, Laptop's y todo lo relacionado a la tecnología. Me llegó otro mensaje de Andrea diciendo que ya estaba en la puerta del centro comercial y que la espere para que ella haga sus compras también. Acepté, de todos modos no tenía prisa.
Caminé y me tenté de comer una pizza, pero cuando lo iba a hacer una persona gritaba mi nombre. Varias personas giraban confundidas, buscando a la responsable, sí, era voz de mujer. Giré para dónde creía que estaba la voz, pero no lograba ubicar a la persona responsable. Cuando me llega un mensaje al móvil. Estoy frente a ti, decía. Era Andrea, yo seguía girando. Pero no la veía, hasta que me detuve. Dos personas me miraban, bueno, solo una de los dos. Era Luciana y otra persona más, mi corazón se detuvo y no sabía qué hacer o qué decir. No entendía cómo era posible encontrarla en una ciudad tan grande, cruzarnos en el mismo centro comercial y a la misma hora.
Unas manos taparon mis ojos y una voz familiar preguntaba si había esperado bastante. Dí media vuelta para verla y al notar que era Andrea giré nuevamente hacia el lugar en dónde estaba Luciana. Se habían marchado. -No, para nada. le respondí. En ese momento, tomé una decisión: Sería mi última semana en la capital y trataría de pasarla lo mejor posible con mis amigos.
Llegó el fin de semana, todos estaban reunidos, era un domingo por la mañana. Yo llegaba un poco tarde, pero por suerte el día anterior había dejado mis compras en la casa de mi amigo. Llegué y todo estaba casi listo. Saludé a todos, Andrea estaba allí. Al final de la parrillada, los reuní y les platiqué todo, que debía irme de la ciudad. Quisieron saber el motivo, pero por más que insistieron no dije nada. Era mejor así.
°Canciones que escuché mientras escribía°
-Andrés Calamaro - Flaca.
-Zen - Quédate.
-Gianmarco - Canta Corazón.
-Alex Ubago - A gritos de esperanza.
Los días eran tolerables, su sola presencia hacía mejor hasta el peor de los días. Eras esa luz que todos vemos al despertar, pero que yo moría por ver cada mañana. Quería vivir, tenía esa sensación de vacío lejos de mi y todo gracias a ti. Me complementabas y yo luchaba por hacerlo también para ti. Quería verte una y otra vez, aún cuando nos despedíamos unas horas atrás.
Tengo entre mis recuerdos más bonitos esos momentos. Recuerdo absolutamente todo, recuerdo cuando estábamos en mi habitación y te sostenía entre mis brazos, te besaba y cuidaba mientras dormías. Sigues siendo la más hermosas de las casualidades que llegaron a mi vida. Por momentos, te veía y no podía creer que te hayas fijado en alguien como yo. Un ser tan desperfecto, lleno de temores y casi incapaz de sentir amor por nadie.
Es cierto cuando digo qué, me conoces cómo nadie. Confié ciegamente en ti, te conté mis sueños y anhelos, padeciste con mis pesadillas y alucinaciones. Sin embargo, te quedaste. No quisiste irte, aún sabiendo qué, a veces, no cumplía lo que prometía y eso te hería. Lamento no haber sido lo que esperaba ser para ti...
Un día simplemente desapareciste de mi vida. Tal vez te cansaste de todos mis problemas. Es cierto, eran demasiados y tú no tenías porque soportarlo. No te culpo por marcharte. De algún modo, lo esperaba. Te busqué muchas veces, te veía contenta, sonreías como nunca. No podía hacerlo, no podía volver. Decidí que era lo mejor para ti que ya no sepas más de mí, aunque es probable que ya lo hubieras decidido mucho antes de que yo lo hiciera.
Busqué en otras mujeres, esa sensación que me brindabas sin saberlo, pero fue imposible. Trataba de huir, pero tu reminiscencia me tenía como rehén. No sentía emoción al verlas o conocerlas, todo era frío y patético. No sabía que hacer, todos los consejos de amigos no surtían efecto. Decidí que debía de cambiar todo, absolutamente todo. Renuncié a mi trabajo, me mudé a un departamento nuevo en la capital. Sabía que huir no solucionaba nada, pero no me quedaba otra opción. Adiós, Luciana.
Todo marchaba bien, en el trabajo había hecho nuevo amigos y los fines de semana íbamos un bar y jugábamos fútbol. Descubrí qué, había tomado la mejor decisión: ciudad nueva, vida nueva. Incluso, mis amigos me presentaban chicas. Un día organizaron una parrillada para ese fin de semana, nunca había asistido a una. Me encargaron traer algo de carne, ya que no había mucha y también dijeron que iba a asistir una chica llamada Andrea, me la habían presentado días atrás. Ella debía llevar algunas cosas también y quedamos en hacer las compras en un centro comercial cerca a la casa del amigo que organizaba todo.
La estuve esperando, me envió un mensaje al móvil diciendo que demoraría un poco y que me adelantase. Preguntando llegué al área de carnes, me disponía a ir y pasó lo que es habitual en mi: Me distraje. Pasó casi media hora y me quedé paseando observando las TV's, Radio's, Laptop's y todo lo relacionado a la tecnología. Me llegó otro mensaje de Andrea diciendo que ya estaba en la puerta del centro comercial y que la espere para que ella haga sus compras también. Acepté, de todos modos no tenía prisa.
Caminé y me tenté de comer una pizza, pero cuando lo iba a hacer una persona gritaba mi nombre. Varias personas giraban confundidas, buscando a la responsable, sí, era voz de mujer. Giré para dónde creía que estaba la voz, pero no lograba ubicar a la persona responsable. Cuando me llega un mensaje al móvil. Estoy frente a ti, decía. Era Andrea, yo seguía girando. Pero no la veía, hasta que me detuve. Dos personas me miraban, bueno, solo una de los dos. Era Luciana y otra persona más, mi corazón se detuvo y no sabía qué hacer o qué decir. No entendía cómo era posible encontrarla en una ciudad tan grande, cruzarnos en el mismo centro comercial y a la misma hora.
Unas manos taparon mis ojos y una voz familiar preguntaba si había esperado bastante. Dí media vuelta para verla y al notar que era Andrea giré nuevamente hacia el lugar en dónde estaba Luciana. Se habían marchado. -No, para nada. le respondí. En ese momento, tomé una decisión: Sería mi última semana en la capital y trataría de pasarla lo mejor posible con mis amigos.
Llegó el fin de semana, todos estaban reunidos, era un domingo por la mañana. Yo llegaba un poco tarde, pero por suerte el día anterior había dejado mis compras en la casa de mi amigo. Llegué y todo estaba casi listo. Saludé a todos, Andrea estaba allí. Al final de la parrillada, los reuní y les platiqué todo, que debía irme de la ciudad. Quisieron saber el motivo, pero por más que insistieron no dije nada. Era mejor así.
°Canciones que escuché mientras escribía°
-Andrés Calamaro - Flaca.
-Zen - Quédate.
-Gianmarco - Canta Corazón.
-Alex Ubago - A gritos de esperanza.
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